Mil Pedazos, la nueva película de Sergio Castro San Martín, se estrenó en salas el 4 de junio de 2026, tras competir en la Sección Oficial del Festival de Málaga. La cinta se encuentra inspirada libremente en el mito del ermitaño de la Cuesta de las Chilcas, dedicándose a explorar la tragedia de una familia golpeada por un accidente automovilístico, profundizando en el duelo experimentado por los padres, interpretados por Daniel Muñoz y Paola Giannini, acompañados de la joven actriz Emilia Rodríguez.

 

 

Eduardo Bunster ACC, fue quien se encargó de llevar a cabo la dirección de fotografía de la propuesta de Castro, encontrándose nuevamente tras rodar el documental El Negro. Juntos  desarrollaron un tratamiento para la película que distingue cada bloque narrativo con una propuesta visual característica, según el punto de vista de cada personaje; “para Emilia, la hija, se utilizó una cámara en mano que explora a su ritmo y altura, con unas ópticas esféricas Zeiss Standard Speeds y un antiguo filtro de color que aportaba tanto tono como difusión orgánica”, comentó el cineasta. Además, se intercalaron tomas realizadas con una pequeña Sony Cybershot operada por la misma actriz. 

 

 

Por otro lado; para Miguel, el padre, se decantaron por largos planos secuencias con una cámara que “lo rodea de forma casi fantasmagórica en su deriva por el desierto, usando ópticas anamórficas aberrantes que ayudaran a reflejar su estado mental”; y para Isabel, la madre, optaron por una cámara mucho más calma, una que se mueve de forma lineal montada sobre trípode o dolly, “junto a ópticas anamórficas medias y diafragmas más cerrados”, realzando su mirada más distante y reflexiva.

 

 

Sobre el proceso antes de llegar a aquel resultado, Bunster describe lo siguiente: “La primera parte, es entender de qué se trata el proyecto, leer el guión, entender qué es lo que se quiere contar, para yo trabajar como intérprete visual de esas intenciones”. Esa búsqueda, también fue traducida en todo tipo de decisiones lumínicas concretas, puesto que la fotografía se apoyó casi en su totalidad en luz natural: “Otra cosa importante que se hizo fue un estudio de las horas de luz, por locación. Ya que eso, en un rodaje cortito, repercute mucho en el resultado”, agregó Bunster al respecto.

Entre los planteamientos que tuvieron, surgió de qué forma retratar el accidente automovilístico, donde el director, Sergio Castro agregó: “Siempre fue un problema, porque en el fondo los accidentes requieren de un presupuesto mayor, que no teníamos, fue en ese momento que surgió la idea de registrarlo mediante la cybershot de Emilia”. Además, uno de los elementos técnicos más distintivos de la película fue el trabajo con el estabilizador Trinity, operado por el socio ACC, Daniel Miranda, quien logró construir los extensos planos secuencia que acompañan a Miguel en su recorrido por el desierto, sobre ello, Castro comenta que: “El equipo de fotografía fue super importante, el trabajar con una Steadicam nos da esta idea de una cámara flotante, la cual estuvo presente casi toda la película”.

 

 

La producción se filmó en la Región de Coquimbo, con base en Vicuña y diversas locaciones del Valle del Elqui. El rodaje se caracterizó por el clima invernal, las repentinas lluvias y los desplazamientos a zonas montañosas, lo que exigió una estrecha coordinación entre los distintos departamentos del equipo (fotografía, arte, dirección y producción), con el fin de aprovechar las pocas horas de luz disponibles. A consecuencia de la gestión, el equipo, incluyendo al director, el elenco y a la directora de arte, Polin Garbisú, se alojaron en un mismo hostal ubicado en Vicuña, donde compartieron comidas y conversaciones sobre el trabajo del día: “Este tipo de trabajo colectivo, que va por fuera de la jornada laboral, se filtra hacia la película y la permea, le va dando forma a su espíritu”, agrega Bunster. Para el director de fotografía, esa restricción, tanto de tiempo como de recursos, es una de las características que distingue al cine chileno: “Con poco tiempo y pocos recursos muchas veces se hacen cosas buenísimas. Es algo que sorprende mucho a espectadores de todo el mundo cuando ven cine chileno”.

 

 

Desde la Asociación Chilena de Cinematografía, celebramos la participación de Eduardo Bunster en este proyecto, reafirmando que algunas de las propuestas más interesantes del cine chileno contemporáneo surgen desde los territorios y las producciones independientes. Mil pedazos es un ejemplo de la creatividad, la colaboración y el dominio técnico que distinguen a la industria audiovisual chilena.